Estoy inmersa en la creación de nuevos contenidos y ampliando la “auto-formación” en habilidades directivas para ir añadiendo nuevas temáticas, después de todo esto, buscando y refrescando mi memoria empiezo a construir un nuevo programa de motivación y satisfacción laboral, un tema éste, que por los tiempos que corren se ha reducido a la motivación de seguridad (segundo escalafón de necesidades en la pirámide de Maslow) y en el peor de los casos, a una mera motivación básica (tengo que comer, pagar la hipoteca…)

Esto está muy bien, pero nadie mide la satisfacción y  motivación de los profesionales autónomos, freelance (autónomo en modo cool)  o de los proveedores de servicios. Por eso:


desmotivaciones freelanceNo me motiva que me hagan perder el tiempo.
El hecho de ser tu propio jefe y ser autónomo no significa que tu tiempo valga menos que el de los proveedores, consultoras y empresas que te contratan. Menos pérdida de tiempo, menor cansancio y mayor satisfacción. Yo gano, tu ganas.

No me motiva que no vayan al grano  y se pierdan en circunloquios innecesarios. A vueltas con lo mismo, no me motiva perder el tiempo en largos mails, en conversaciones o reuniones eternas;  en las que después de horas, salgas con la sensación de tomadura de pelo o poca profesionalidad, eso en el mejor de los casos, en otras ni siquiera intuyas qué quieren.

No me motiva tener que justificar el precio de mis servicios. Hay un amplio abanico de profesionales que hacen cosas similares, busca, compara pero no me hagas justificar  lo que valgo, yo ya lo sé.

No me motiva no hablar de dinero. No sé por qué  hay un extraño pudor en dar precios, tarifas… No me preguntan precios, me quieren regatear, no me motiva…

No me motivan los precios de saldo. La última una consultora que paga 1 Euro por página de manuales de formación para directivos. ¡JA! Lo mejor es que aún tienen la desfachatez de decirte que puedes entregarle uno ya hecho, ah, claro, que como ya lo tienes lo compramos a precio de saldo. En fin, se me van unas y se me viene otras de mandar a cierto lugar…

No me motiva justificar mi tiempo de trabajo. Los que trabajamos en casa no trabajamos menos y en el caso de que fuese así no sé quien determina los parámetros de hora que son los adecuados, ni mucho menos que trabajar más  sea más productivo. 

No me motiva que me cites, concretes una reunión, cierre mi agenda para un día y horas antes lo canceles todo. No es muy halagador, además denota poca profesionalidad y falta de interés y menosprecio. Pasarse una hora esperando a alguien o esperar una llamada te da “un subidón” de los que hacen historia.

No me motiva hacer trabajos a medias o para salir del paso. Si quieres hazlo tú, pero en aras de ahorrar (cuánta razón lo de “lo barato sale caro”) no me hagas dar la cara, ni prestar mi marca para chapuzas y trabajos de tres al cuarto en los que me necesitas por sabes lo lamentable de las condiciones.

No me motiva que me contrates como “experta” y no me dejes hacer mi trabajo. Yo no voy al médico y le digo qué tratamiento ha de darme. Por qué, en ciertas circunstancias, se minusvalora el criterio de la persona que contratas. ¿No crees que estás tirando el dinero? Si me dices ya que pasas de mi opinión, que vas a hacer lo que quieras pues vamos bien. Sigue sin motivarme no hacer mi trabajo con la responsabilidad y bajo mis criterios. No soy como Groucho Marx, con aquello de tengo unos principios, pero…

En líneas generales no me motiva que me paguen más, tampoco seré yo quien diga que no me alegra cobrar, pero en definitiva, este post habla de la dimensión emocional del trabajador, de que las motivaciones no vienen dadas por más beneficios (bueno, suponiendo que no nos encontremos en el suelo de la pirámide de Maslow) sino por todos aquellos pequeños gestos y muestras de empatía hacia el trabajo y el esfuerzo realizado, no tan sólo una  palmadita en el hombro o que bién lo haces. En un tres palabras: vamos a respetarnos.

¿Y a ti, qué no te motiva?

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Join the discussion 4 Comentarios

  • No me motiva que simplemente por el mero hecho de estar al otro lado de la mesa se presuponga santidad, divinidad y conocimiento del todo. Se ha devaluado todo en exceso y creo que hace falta que de verdad se profesionalice la formación, entre otras cosas de los RRHH. Un formador no es aquel que tiene una buena presentación de PP y cierta labia, que quizás ha terminado ahí, porque no había donde caer. Al igual que un profesional de RRHH no es aquel que le tocó el puesto después de pasar por administración y presuponer, como siempre pasa, que hacer una nómina es lo mismo que gestionar un pacto de empresa.
    Detrás de un freelance, hay horas de trabajo, muchas y sobre todo una principal, presuponer que tipo de formación debes adecuar a cada cliente, para hacer un buen producto.
    buen post Belén.

    • Gracias José Ramón, eso es algo que los que trabajamos como autónomos o freelance sabemos muy bien. Las horas que dedicamos a los proyectos, a veces no son percibidas por las entidades contratantes y se minusvalora nuestro trabajo, quizá nuestra tarea sea poner en alza nuestro servicios y vender la calidad de los mismos.

      Un gusto que te pases por aquí.

  • Desde que te “conocí” en Xing, he ido sabiendo de ti de manera intermitente. El destino ha querido que ambas coincidamos en algunas temáticas laborales.

    Me identifico mucho con lo que has escrito.

    Sobre todo con la parte final. En mi caso, el “tú vales mucho”, “tus ideas son originales”, “sí, seguro que contamos contigo”, son frases que además de halagadoras, acaban convirtiéndose en negativas, o bien plasmadas en un email, o bien con un silencio.

    Y me pregunto ¿qué necesidad hay de decir un medio sí, cuando piensas en un no rotundo? Claro que tienes derecho a cambiar de opinión, pensarlo mejor, no disponer del dinero, o darte cuenta de que tu empresa-organización-institución, no tiene cabida para ti, que “vienes de fuera”, pero tengo derecho a saberlo antes.

    No son tiempos para jugar con “sí pero no”.

    Tu blog es una inspiración, sigue escribiendo.

    Gracias

    Pero no somos máquinas. Ni vivimos a base de palabras aduladoras. Simplemente queremos trabajar, que nos ofrezcan una oportunidad, y sobre todo que la seriedad impere.

    No me motiva que me hagan ilusionarme para después dar un portazo.

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