Diccionario de vaciedades

No es que me haya puesto metafísica, y quiera escribir emulando a la gran Carmen Laforet en Nada, pero últimamente sólo nado (otra metáfora, la mutación poética sigue en mí) en un océano,  no azul, por aquello de buscarlos, sino en un océano de vaciedad, término que acuña en los últimos días un cercano “pensador” y que flota por las conversaciones sobre lo mundano y lo divino.

Bueno, al “contenío” (frase mucho más castiza y de entendimiento más prosaico, que me lleva a centrarme) en los últimos días varias cuestiones me han hecho reflexionar sobre la vaciedad que se respira y sobre la vaciedad de ciertas acciones:

Ride for Heart Toronto, 2008.Vaciedad nº 1. Todo está en inglés. Resulta que si a tu marca le pones un término en la lengua de la Gran Bretaña, escalas puntos sobremanera en la profesionalidad de lo que haces:  Counselling, Training, “Tontuning”… pueblan los perfiles de los profesionales y a los empredimientos, es como si a la tienda de mi pueblo, le añaden Store, no van a vender más (del gentivo sajón hablaremos otro día…)

Vaciedad nº 2. Éxito y teoría subyacentes. ¡Qué manía con el éxito!, así nos va, porque no se valora el esfuerzo ni el trabajo bien hecho, en su lugar se premia la  notoriedad, los anuncios de “gurús” , los followers, los “me gusta”, los, los, los… Este afán de lo efímero (“sic transit, gloria mundi”), porque señores el éxito, no es más que eso, viene a remover estos lodos de vaciedad y éxito por encima de otros valores (solo basta con preguntarles a los niños qué quieren ser)

Vaciedad nº 3. Vamos a contar mentiras tralará. Eso de que todo el mundo tiene que ser emprendedor, una marca y veinte mil ideas peregrinas, que se lo cuenten a los investigadores, médicos, científicos que cogen las maletas y se van, y claro te dirán que: “no busques trabajo, que te lo inventes”; claro y también inventes el dinero, las infraestructuras, los medios…, qué daño hacen las sustancias estupefacientes, las generalizaciones y el “emprendimiento para todos”.

Vaciedad nº 4. Emigra y conoce mundo. Que ya lo decía en otro post, qué imagen ha vendido “Españoles por el mundo”, antes de salir de casa hay que salir con las cosas hechas (como decían nuestras madres), con contactos, buscando empresas, oportunidades laborales. Eso de ir a la aventura, para acabar en trabajos precarios y poco cualificados no hace falta que lo busques en otros lados, ya lo tenemos aquí (y en Alemania, a ver si os pensáis que los minijobs son de Apple, chiste malo)

Vaciedad nº 5.  Sé feliz, optimista y todo se consigue. A ver si nos dejamos de leer libros de autoayuda y de algún novelista brasileño, que no pasa nada por agobiarse, por tener un mal día, que todos los que consigueron algo pasaron por los días en “tierras de penumbra”. Pero algunos se jactan de decir que con optimismo se consigue todo, se ve que canjean optimismo por títulos en Harvard. (si te encuentras en un estado de felicidad permanente, escríbeme y dime qué te tomas)

Vaciedad nº 6. Lo que se dice en Internet es palabrita del niño Jesús. Nada se cuestiona, aborregados con la masa, te vas a la wikipedia y palabra de santo. Que hay que hacer lo que dicen los “entendidos” de la red a pies juntillas, a dar pábulo a todo (lo de Toni Cantó es objeto de estudio y tesis), siempre bendecidos por la mirada de “San Steve Jobs”, que ahora va a resultar que la encarnación del “Dios del managament, los discursos y la tecnología”  factura en paraísos fiscales mientras pregonaba su vida ascética. ¡Viva el marketing!

Estamos todos locos o qué (como diría una compañera que tuve), en esa vaciedad, donde se prima el cortoplacismo, la gerencia descabezada, la falta de consulta a los profesionales (no los que se ven, sino los que saben), estamos perdiendo “enteros” a una velocidad de vértigo. Deberíamos volver al noúmeno (visión kantina del término)  para salir de esta vaciedad y esta  nada, que define tan magistralmente Carmen Laforet, esta vaciedad que nos inunda a marchas dobles.

Después de la sesión de “optimismo” toca trabajar y esforzarse.

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  • Joana dice:

    Belén,

    Ya te lo he dicho vía Linkedin pero mereces un comentario por estos lares. Creo que has sabido explicar con sentido de humor pero sin perder ni un ápice de credibilidad lo que muchos pensamos de esta forma de salir de la crisis que unos pocos se han inventado y, siendo sinceras, te diré que les va muy bien.

    He dejado de lado a muchos gurús en los que nunca había tenido fe, a todos aquellos que dicen que te van a hacer experto en Redes Sociales, en Community Manager eso sí, bajo el módico precio de 3.000 euros arriba o abajo. Rápido, y alienando al personal con blogs similares contando lo mismo, hasta que llegue el boom y se acaben este tipo de cursos y se regule un poco la enseñanza de los mismos. ¿Vamos a ser todos community managers?

    En cuanto a la velocidad e inmediatez del éxito creo que es la idea o pretensión más estúpida que he escuchado en años. Te agradezco que utilices tu blog que leen muchas personas sensatas para animar, fomentar la ley del esfuerzo.

    En la misma naturaleza tenemos el ejemplo de que sin paciencia, sin esfuerzo y sin calma las “cosas” no funcionarían. Una semilla ha de ser plantada y después cuidada con eficacia y paciencia hasta ver sus frutos.

    Esta locura por correr, por ser mayor antes de tiempo (hablo de los chavales) por competir, por enseñar a competir como si eso fuera sano o llevar a algún lado, sí, puede que a algunos les vaya bien y “triunfen” pero a costa de pisar muchas cabezas, llegarán a los 25 con mucho dinero pero ¿sabrán gestionarlo? y lo más importante ¿sabrán gestionar sus emociones?

    Resulta paradójico que con una esperanza de vida mayor que hace unas décadas prime el “corre corre que ya llegas tarde”

    Y el optimismo… me río yo de quien defiende el optimismo a diario. Una cosa es afrontar los problemas con calma, rebajando tensiones y otra muy distinta coger una bolsa meter en ella: tristeza, impotencia, rabia, desazón, etcétera y tirarla a la basura. Señores ¿nos hemos vuelto locos o qué? Si no doy paso a sentir y expresar todas esas emociones no estará viviendo una realidad, estaré interpretando un papel que es muy distinto. Ser resolutivo o practicar la resiliencia es distinto. No se puede vivir con una sonrisa en los labios todo el día, te diría que casi me da igual de grima quien tiene cara “de perro lastimero” siempre, como aquella persona que se ríe sin saber una muy bien de qué.

    Me gusta mucho tu artículo, tu forma de reflexionar y lo necesario que es pisar el suelo, mirar a tu alrededor y todavía creer que en el esfuerzo está la meta a alcanzar.

    Fuera no está garantizado el éxito, tampoco aquí, pero ¿tirar la toalla y marcharse para trabajar en un supermercado en otro país es mejor que hacerlo en el tuyo? Creo que el español sigue siendo orgulloso y no puede entender que un chico que ha pasado por la universidad tenga que limpiar bandejas, platos o qué sé yo. No pasa nada, señores. Los verdaderos triunfadores en el mundo de los negocios han hecho trabajado en empleos dispares, y eso no les ha mermado ni facultades ni les ha influido en una autoestima sana.

    Parece que hay que marcharse de España para hacer lo mismo que aquí pero sin que te vean los vecinos. Seguimos cumpliendo con los tópicos pero mal. Ni somos tan divertidos ni tenemos tanto sentido de humor y dios santo, cómo nos importa lo que piense el vecino. Si no fuera así, dime ¿por qué se están repitiendo los mismos errores? Apenas ves gente en un grado medio o superior, y sí avalanchas de estudiantes en la universidad y yo me pregunto ¿para qué?

    No hemos aprendido nada de esta crisis, ni los políticos ni muchos ciudadanos. En realidad los políticos no aprenderán jamás.

    Saludos

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