Inteligencia Emocional: Autocontrol. Cuento como recurso formativo.

Este cuento me gusta emplearlo en mis cursos de inteligencia emocional  para reflexionar sobre el autocontrol y la conciencia sobre el efecto que nuestras emociones y la ausencia de su manejo pueden provocar en nosotros. Espero que os sea útil.

LOS CLAVOS DE LA PUERTA

Esta es la historia de una chica que tenía muy mal carácter, que cada día acababa peleada con alguien de su entorno, su familia, sus amigos, sus compañeros/as.

Un buen día, su madre se acercó ella y le dio una cajita de cartón.  Cuando la chica abrió la cajita, se la encontró llena de clavos. Con desdén miró a su madre (casi la elimina con la mirada)  y ésta le respondió:

  • Cada día que pierdas la calma, los nervios o te enfades,  clava uno de estos clavos en la puerta de tu habitación.

El primer día, la chica clavó 20 clavos en la puerta.  Al día siguiente, menos, y así con los días posteriores. Conforme pasaba el tiempo la chica se iba dando cuenta de que era más fácil controlar su genio, sus enfados  y su mal carácter, que clavar los clavos en la puerta de su habitación. ¡Menudo trabajo cada día!

Sin embargo, tras muchos días de clavar clavos,  llegó un día en que la chica no se enfadó, no mostró su mal carácter ni  una vez y corrió a decirle a su madre que no tenía que clavar ni un clavo en la puerta de su habitación. Había conseguido, por fin, controlar su mal genio.

Su madre, muy contenta y satisfecha, le sugirió entonces a su hija que por cada día que controlase su carácter, sacase uno de los clavos que había clavados en la puerta de su habitación.

Los días pasaron y la chica  pudo finalmente decir a su madre que ya había sacado todos los clavos de la puerta. Entonces la madre llevó  a su hija hasta la puerta de su habitación y le comentó:

  • Hija mía, has trabajo duro para clavar y quitar los clavos de la puerta de tu habitación, pero fíjate en todos los agujeros que se quedaron. Jamás volverá  a ser la misma. Lo que quiero decir es que cuando dices o haces cosas enfadada, con mal genio y con agresividad, dejas una cicatriz, como estos agujeros. Ya no importa tanto que pidas perdón a quién se lo hiciste. La herida estará siempre allí. Y una herida verbal daña como una herida física.

Las palabras de su madre , así como la experiencia vivida con los clavos, hicieron con que la chica reflexionase sobre las consecuencias de su carácter. 

¿Sigues clavando clavos? ¿Qué te parece este cuento?

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