Los que alguna vez hemos hecho teatro o nos hemos subido a un escenario, sabemos lo indescriptibles que son esos cinco minutos previos al comienzo de nuestra actuación o representación (a buen seguro es lo que te hace querer repetir)

Una amalgama de nervios retuerce nuestro estómago, todo aquello que creías que dominabas y el texto quue sabías a la perfección parece haberse borrado de tu mente y en tu cabeza solo cabe una frase: quiero salir de aquí.

Vencer miedo escénicoCuando un formador o formadora se enfrenta por primera vez a una clase suelen surgir este tipo de “miedos” y nervios. Puede ser que sea por la inexperiencia, por la falta de seguridad, por miedo a lo desconocido, miedo a los alumnos, en definitiva un miedo irracional; desde mi punto de vista, estos pequeños nervios y miedos nos ayudan a crecer, a “espabilar” y a no confiar nada al azar.

Estos temores podríamos encuadrarlos dentro del eustrés, el estrés positivo que nos ayuda a crecer, no dentro del distrés, el estrés negativo que nos bloquea y nos provoca otro tipo de alteraciones.

La cuestión sería diferenciar los temores y pensamientos negativos/irracionales (distrés) del deseo constante de mejorar y hacerlo de manera excelente (estrés)

Por tanto para superar ese miedo escénico te daré algunas pauta que pueden ayudarte:

El miedo a no saber qué decir.

Es evidente, salvo que seas un/a kamikaze hablar de algo que se desconoce provoca angustia y nerviosismo. Así frente el vicio de no saber, el vicio d preparar, repasar e investigar sobre la materia de la que vas a hablar.

Qué es lo peor que te puede pasar.

Visualiza aquello que puede pasar en el peor de los escenarios. ¿Qué crees que es lo peor? Salvo morirte, creo que aún no hay datos de que dichos hechos hayan acontecido, todo lo demás es superable. Hasta los grandes se quedan en blanco, lo importante es que tires de naturalidad, indiques que te pasa, tomes tiempo y prosigas.

No eres un inválido/a, olvídate de tirar siempre de la tecnología.

“San Power Point” nos ha vuelto inválidos tecnológicos o inválidos oradores/as. Puede ser que el proyector se estropee, que no tengas ordenador o cualquier otra cuestión, prepara tu kit de supervivencia y además comprueba con antelación todas tus herramientas.

Llega con tiempo.

Si eres de los acude a todas sus presentaciones con el “peinado de la moto” deberías hacer un curso de gestión del tiempo. Es como si aún fuego avivado  le echásemos más leña, por qué quieres añadir a tu nerviosismo más adrenalina, porque no consigues dar con el sitio, aparcar o cualquier otro imprevisto. A quién madruga… Conocer con antelación el lugar, la sala donde expondrás te ayudará a calmar la incertidumbre y controlar el miedo a “lo desconocido”

Habla hasta en la sopa. Practicar, practicar, practicar…

Te voy a poner un símil, si tienes carnet de conducir, no aprendes a conducir hasta que no has practicado, pues lo mismo ocurre al hablar en público, si no sigues practicando, no perderás el miedo.

Me da vergüenza que me miren… 

Esto para adolescentes los sábados por la noche, pase, pero ya somos mayorcitos. Yo me preocuparía de que no me mirasen, tener miedo a ser el centro de atención es muy común pero de momento, salvo que lo hagas por plasma, no existe otra opción. Miedo ¿por qué? La gente, el público, salvo excepciones, no va a  lincharte porque te equivoques, aunque no lo creas es posible que muchos empalicen con tu situación, salvo si el auditorio está lleno de psicópatas que igual lo tienen un poco más difícil.

Hablé en público una vez y fue fatal, me va a volver a pasar.

Claro, se llama profecía autocumplida y acaba ocurriendo como cuando lees el horóscopo y crees que habla de ti (por cierto, desde aquí mi apoyo a los periodistas encargados de tan “encomiable” labor) Si yo te contara como fue mi primera vez, hablando en público digo, igual no estamos riendo hasta el 2050. Al menos piensa, que te va a servir como aprendizaje para corregir aquello que no debes hacer.

Siempre viene bien tener un poquito de temor, miedo y respecto al enfrentarnos a un nuevo auditorio, supone nuestro compromiso de no dejar nada a la buena suerte y  cuestionar todo aquello que podemos mejorar.

Y no dejes de… hablar en público.

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